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“La práctica de la agricultura ecológica y biodinámica se tiene que hacer por convicción”

Imagen obtenida de ara.cat

“La práctica de la agricultura ecológica y biodinámica se tiene que hacer por convicción”

Al celler Jean Leon (DO Penedés) llega primero Marta Casas. Ella es el enóloga de la bodega Pares Baltà, que consiguió el certificado de agricultura biodinámica el 2013, pero el bisabuelo de la familia Cusiné, Joan Cusiné Hill, junto con el abuelo, Joan Cusiné Cusiné, ya desarrollaba esta práctica desde que adquirieron la marca de la bodega. Más tarde llega Mireia Torres, la anfitriona de la bodega, también con certificación ecológica. Poco después, Irene Alemany, del celler Sot Lefriec, que no tiene “ninguna etiqueta” porque no se han querido “certificar nunca”, pero que a la práctica sigue todas las normativas que marcan tanto la agricultura ecológica como la biodinámica.

Las tres enólogas coinciden en afirmar que la práctica de la agricultura ecológica y la biodinámica caracteriza la DO Penedés. Ahora bien, Mireia Torres matiza que la ecología a la viña no es la panacea. “Creo en la agricultura orgánica, pero también en su crítica, porque según en qué zona, aplicar los criterios que marca la normativa no es sostenible medioambientalmente y, en cambio, una agricultura tradicional en aquel mismo espacio sí que puede aplicarse”. Y lo ejemplifica: “En viñas situadas donde llueve mucho, la huella medioambiental que suponen los tratamientos ecológicos como el cobre no son sostenibles”. Por lo tanto, primero hay que conocer bien la viña y el entorno y hacer balance.

Siguiendo este hilo, la enóloga Marta Casas sostiene que tanto la agricultura ecológica como la biodinámica son prácticas que si se siguen es porque primero se ha observado, después se ha pensado, se ha sentido y, entonces, se ha actuado. “Es la base de la filosofía de la biodinámica, que se resume diciendo que cada cual tiene que actuar con consecuencia con lo que siente”.

Irene Alemany asiente. “Cómo todas las normativas, hecha la ley hecha la trampa”, dice. Esto quiere decir que si la agricultura ecológica marca que el uso del sulfuroso es hasta un tanto por cierto máximo, hay quienes se ajustarán al máximo. “Si no se hace por convicción, y sí por una moda, no se hará bien”, añade. De hecho, ella misma recuerda como la bodega Sot Lefriec no ha querido certificarse con ninguna etiqueta pero, en cambio, desde el principio respetaron la tierra donde está la viña.

La idea clásica que el vino se hace a la viña parece que haya nacido ahora, pero en la agricultura los mejores enólogos siempre lo han tenido claro. La tierra, añada tras añada, ha de  tratarse de la mejor manera. Y, de hecho, si se piensa en un futuro siempre se tiene que conservar bien, para que pueda producir siempre.

Sobre la convicción de la agricultura ecológica, Mireia Torres todavía añade que “hay mucho camino para recorrer”. Por ejemplo, el cobre, como material permitido en la agricultura ecológica, habrá que rebajarlo porque acaba provocando un efecto adverso al medio ambiente. “Nosotros estamos haciendo mucha investigación con productos alternativos; y sabemos que la normativa europea también quiere rebajar la cantidad del uso de cobre permitido”, explica Torres.

Y, en este punto, Marta Casas comenta que a Parès Baltà las pruebas para reducir el uso del cobre pasan para hacer maceraciones de cola de caballo y ortiga. “Tenemos viñas donde ya aplicamos sólo estas maceraciones, y nada de cobre, y nos ha ido muy bien”, dice.

“Justamente por eso nosotros no nos hemos querido certificar nunca”, añade Irene Alemany. “Porque con la normativa en la mano está permitido hacer prácticas en agricultura ecológica que no nos gustan”. Con las siete hectáreas que cultivan en Sot Lefriec, “nosotros podemos tratar la viña como si fuera nuestro jardín, y hacemos tratamientos con los conocimientos que hemos adquirido por la experiencia”.

Toca girar la conversación al cambio climático. Este principio de verano ya ha puesto el termómetro a temperaturas muy altas. “El cambio climático está afectando la viña”, coinciden a afirmar las tres enólogas. Las vendimias se hacen antes, los grados alcohólicos van a la alza y los rendimientos de cada cepa disminuyen. “Hay previsiones que marcan que el 2100 la temperatura habrá aumentado entre 2 y 6 grados”, dice Torres. “Para la viña no es una buena noticia, y por eso hemos empezado a trabajar para contrarrestarlo”. ¿Cómo? Creando pozos y balsas y, a partir del año próximo, “con la riego por goteo”, dice Mireia Torres.

Traducido al castellano del articulo :

https://mengem.ara.cat/el_celler/practica-agricultura-ecologica-biodinamica-conviccio_0_2049995156.html

Nacho Sanz Maestre

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