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Buscando vinos orgullosos

Deberíamos meditar, aunque fuera sólo eso, sobre algunos desempeños de las denominaciones de origen, que por momentos parecen no darse cuenta de estar alimentando la revuelta, y con ello que la marea suba hasta desbordar las contenciones.

La labor primigenia de las denominaciones de origen era y es la de preservar la identidad de un producto asociado a un origen, y para ello regular y controlar como función necesaria, y de forma concienzuda. En resumen gran producto necesitado de amparo, promoción y protección frente a imitadores y a elaboraciones que no cumplieran los cánones establecidos.

En sus inicios fueron los vinos defectuosos, o con intervenciones imitadoras de otros orígenes y gustos, los que vieron frustrados, gracias a la labor de los consellos reguladores, sus deseos de contraetiquetas y de aprovechar con ellas el tirón comercial que proporcionaba su amparo. Pero esa época está quedando atrás, ahora que las elaboraciones más caseras son mucho menos defectuosas y que la imitación de otros parámetros está en desuso porque empieza a vender más lo propio, los que están en la mirilla del disparo regulador son las elaboraciones más avanzadas o vanguardistas, esas que en algunos casos, las realizadas con mayor fundamento, llegan a convertirse en faros que van iluminando lo que queda de la “longa noite de pedra” o aportando luz a los nuevos caminos sobre la potencialidad de nuestra materia prima vitícola, del origen, del terroir.

Muchos de estos vinos son descalificados porque no se ciñen a los criterios y parámetros que siguen los paneles de cata de los consejos reguladores. Estas nuevas elaboraciones, en la mayoría de los casos basadas en la vuelta al origen, a la tradición o a la mínima intervención, y sobre todo al respeto por el fruto de viñedos que se cuidan con la máxima devoción, con el máximo respeto, con los parámetros vitícolas que definen a los grandes vinos del mundo, con respeto al entorno y a nosotros: consumidores que buscamos productos que estimulen sin intermediarios los sentidos. Para mí estos elaboradores son un valor que enriquecen un territorio.

Si sigue esta dinámica seguramente dentro de no muchas añadas beberemos de una misma bodega vinos con contraetiqueta y vinos sin ella, y llegaremos a asociar a éste último vino como el de más calidad, o el de más autenticidad.

 

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Nacho Sanz Maestre

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