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Me declaro garnachista

Me declaro garnachista

Toda una declaración de intenciones: Me declaro garnachista; cada vez se oye más esta expresión entre los profesionales y buenos aficionados a los vinos, muestra un amor profundo a la variedad de uva garnacha, antes tan odiada y ahora adorada por muchos.

Durante años, en nuestra piel de toro, fue denostada por su rápida oxidación, por trasformar las notas de frutas rojas frescas en compotas y mermeladas empalagosas, por la pérdida de su intrínseca acidez, dando como resultado vinos pesados muy poco placenteros, cálidos, casi ardientes por su elevada graduación. Cuando maltratas a la garnacha sus vinos están oxidados, vacíos e insulsos; pero cuando la mimas, es capaz de regalarte un ramillete de frutas rojas, un paladar goloso y amable, de memorable recuerdo.

Pero la culpa no era de esta variedad, la tinta que predominaba en España tras el ataque de la filoxera que ataca a las raíces de las cepas, y que conllevó la sustitución de variedades autóctonas por esta más robusta. Cultivada en valles fértiles, con mucha producción, y vendimiada la uva sobremadura, con una elevada proporción de azúcar, en una época en laque el viticultor buscaba el mayor rendimiento por hectogrado; luego maltratada en numerosas cooperativas, donde adquirió la fama de ser una mala uva, a pesar de ser una variedad tinta entre las más importantes del panorama vinícola español junto al tempranillo.

Autóctona de Aragón, su expansión natural fue el valle del Ebro, con extensos cultivos en la Rioja Baja, Navarra, Aragón y Cataluña, lugares que cuando se fomentó desde Europa el arranque de las viñas menos productivas, muchos de los viñedos viejos fueron arrancados, perdiéndose un patrimonio único, que ahora se está recuperando. Y curiosamente fue en esta área donde más se introdujeron las denominadas variedades mejorantes, de uvas foráneas: merlot, syrah, cabernet sauvignon, con el objetivo de incrementar la calidad de los vinos y que estos aguantaran más tiempo sin estropearse.

Por suerte algunos viticultores, a los que no les compensaba arrancar la viña vieja, la mantuvieron, y años más tarde, cambió la percepción por parte de los enólogos, que pagaban la escasa uva de estas viñas a precios muchos mayores que las procedentes de cepas más productivas. El resultado fue que en Aragón (Campo de Borja, Calatayud) se encuentran algunas joyas que han tardado en ver la luz, pero que ahora se encuentra entre lo mejor del patrimonio vinícola español. Su carácter camaleónico le salvó del descepe.

Ahora la garnacha goza de prestigio y merecida fama, recuperándose viñedos viejos en la sierra de Gredos, Méntrida y Cebreros, y algunas zonas de la provincia de Madrid, cultivadas en laderas graníticas o pizarrosas que dan memorables sabores minerales.

La garnacha empieza a entusiasmar a muchos, tanto aficionados como profesionales, y ojalá en un futuro los bebedores la pidan por su nombre, como ocurre hoy en día con la verdejo. Alcanzaría su cumbre de reconocimiento.

 

https://www.huffingtonpost.es/jesus-bernad/me-declaro-garnachista_a_23590690/?fbclid=IwAR1gB2G5OFg7jeLn4fGo4YzCvgfFG9gsQ9zJEUEujjQNCkOUSHc0Fypgt7I

Nacho Sanz Maestre

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